¿Sabes cuál es tu Tarea Primaria en tu organización?

En ocasiones,  trabajamos mucho y muy duro. Sin embargo, no son pocas las ocasiones en las que tenemos la sensación  de que no estamos alcanzando los resultados esperados. Y, entonces, nos frustramos y desmotivamos, corriendo el riesgo de entrar en el grupo de los denominados  “burnout” o “síndrome del trabajador quemado“. Podríamos comenzar haciendo una breve reflexión a cerca del realismo de nuestras expectativas respecto de los resultados esperados en relación a las circunstancias que envuelven a nuestra organización, a los recursos de los que disponemos para llevar a cabo la tarea, personales y materiales, las dificultades de la tarea en sí misma y, como no, a la calidad de las relaciones personales que construimos con las personas que colaboramos.

Pero antes de todo esto, también podríamos pensar sobre aquello que creemos saber pero respecto de lo que no hemos pensado. Me estoy refiriendo a la Tarea Primaria que debo desempeñar en el ejercicio de mi rol dentro de la organización a la que pertenezco. No disponer de una deficinión clara de mi tarea puede dificultar, y mucho, el logro de los objetivos deseados. Cuando no disponemos de la claridad suficiente respecto de la tarea a desempeñar, es muy común que surjan problemas relacionados con los límites. Y no conocer y respetar los límites supone ir “pisando callos”  con consecuencias devastadoras respecto de, entre otras cosas, de la calidad de las relaciones entre los miembros de la organización. En la mayoría de los casos, este comportamiento fuera de los límites se produce de manera inconsciente. De ahí la confusión, incoherencia y frustración derivada de  trabajar mucho , no alcanzar los resultados previstos y padecer altos niveles de ansiedad derivados de un poco adecuado clima laborar que se vive en la organización. Convendría preguntarse qué tengo que ver yo con todo esto que puede estar ocurriendo en la organización, en mi departamento, en mi equipo y conmigo mismo…

Llegados a este punto, parece, cuando menos razonable, que mostremos un comportamiento diligente y dediquemos un tiempo  a mejorar y aumentar el conocimiento que tenemos de nuestra organización desde dos perspectivas fundamentales:

Perspectiva Personal: Revisar mis percepciones, mis motivaciones, mis actitudes, mis sentimientos, mis valores, mis conocimientos, mis habilidades y el modo en que se adaptan a la Tarea primaria que debo desempeñar a través de mi Rol.

Perspectiva Sistémica: Prestar atención a la Tarea Primaria, propia y de la organización, mis funciones, mis fronteras de intervención, los roles, el mío y el de los demás, y las relaciones que construyo con personas, grupos y el sistema en su conjunto.

El resultado de esta indagación posibilita la emergencia de nuevos significados que pueden proveernos de una mayor claridad respecto de la tarea a desempeñar y el modo de desempeñarla eficientemente, permitiéndonos comprender qué aspectos pudieran estar fallando y que limitan nuestro desarrollo personal, profesional, así como el logro de los objetivos deseados. En definitiva, ser más eficiente en el desempeño de mi Rol, al tiempo que me siento mejor.

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