La lógica de ayer…

¿En qué momento creíste que el papel para limpiarte el culo era higiénico?

Querido lector, antes de continuar, no quisiera resultarte grosero con el modo de expresarme en este post. No obstante lo anterior,  anticipo que daré prioridad a la claridad del mensaje frente a la forma. ¡Tomatelo con humor!

Piensa por un momento. No hacen falta detalles. ¿Qué pasa cuando te limpias el culo después de una visita real al trono? Antes de que te contestes, te aclaro que éste término para designar al váter debe referirse a la experiencia de sentirse como un Rey. Aunque no tengo muy claro si, en la actualidad, esta referencia hace alusión a una situación placentera o a una en la que uno está  pringado hasta las orejas. Cada cual sabrá por qué.

¿Qué me interesa de todo este asunto?

Servirme de un ejemplo, como es el uso del papel higiénico, para abordar la dificultad real de cambiar nuestros marcos de referencia. 

¿Comprarías un papel al que llamaran "antihigiénico?

Probablemente no. Aunque fuera más higiénico que al que llaman así. Sin embargo, compramos el papel que dicen que higieniza y no nos planteamos si realmente cumple esta función o no. Tampoco probaríamos si el denominado antihigiénico es, efectivamente, así.

En definitiva, quiero llamar tu atención a cerca de cuántas cosas haces sin que te plantees qué sentido tiene que las hagas así. El uso del papel para este fin del ciclo digestivo puede resultarte trivial (para mí no, créeme), pero no lo es el sistema que sostiene muchos de nuestros comportamientos y conductas, el cual, no discrimina entre la mayor y menor   importancia de lo que hacemos. Si, en cambio, debería hacernos pensar a cerca de cómo llegamos a hacer lo que hacemos.

Piensa de nuevo. Ahora en tu ámbito profesional. ¿Identificas  qué haces sin que sepas muy bien por qué? Y más interesante aún, ¿hay alguna forma de hacerlo diferente que te dé mejores resultados?

En el caso del papel higiénico, yo lo tengo claro. El agua es lo más limpio y purificador que hay como sustitutivo del papel. Y el resultado, te puedes imaginar lo que mejora.

¿A quién se le ocurrió la brillante idea de no instalar más bidés en nuestros baños? Alguien, interesadamente digo yo, nos hizo creer que en el baño había demasiadas cosas y argumentó ¿para qué quieres un bidé en tu casa  teniendo papel? Claro! Donde va a parar limpiarse el trasero con agua fresca y limpia frente al papel…Pero ya es tarde. Los baños ya no se equipan con bidé. Así que ahora hay que meterse en la ducha para limpiarse y esto nos cuesta. Y entonces, llega el marrón: tiramos de papel y esparcimos lo que nuestro cuerpo no quiere por toda la zona. Argggg!!!

Si sigues pensando en utilizar el papel para este fin, queda evidenciada la dificultad de cambiar nuestra forma de pensar por muy irracional que resulte. Como cuando alguien bajaba con el bocadillo al patio, le pedían un bocado y le soltaba: “no te doy porque no me dejan dejar”. ¡Y se quedaba tan ancho!

Cuando trabajo con equipos y muestran dificultades para plantear actuaciones diferentes que les permitan lograr resultados diferentes, les debería preguntar ¿cuantos de los presentes utilizan papel higiénico para limpiarse el trasero después del lanzamiento de un torpedo?. Casi seguro, el 100% de los presentes levantaría la mano. Y entonces les comentaría que si no son capaces de cambiar el hábito de ensuciarse el culo con papel higiénico, que parece evidente dejar de hacerlo, ¿cómo van a cambiar sus actuaciones para lograr resultados más rentables en su empresa?

En este caso, tal vez   empezaran a hacer cosas diferentes, logrando entender que lo que “siempre se ha hecho así” no tiene por qué dar buenos resultados y, mucho menos, si  estos últimos son una cagada.

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