La fusión empresarial

Fruto de la globalización y los avances tecnológicos, durante la primera década del siglo XXI se han incrementado considerablemente las fusiones de empresas a lo largo y ancho del mundo.  Las organizaciones necesitan buscar socios estratégicos que les permitan posicionarse mejor y más rápido en el  mundo de los negocios. Sin duda, los avances tecnológicos logrados permiten una mayor velocidad en el avance de la globalización, conectando a millones de personas de todas partes del mundo y de manera simultánea. Esta conectividad, permite la apertura de nuevos mercados y una mejora sustancial del rendimiento productivo toda vez que hemos creado un mundo 24/7 (24 horas, 7 días a la semana).

Por contra, la cara menos amable de las fusiones empresariales, impulsadas en gran medida por las fuerzas de la globalización y las nuevas tecnologías,  también genera un impacto menos bondadoso:

 

a)    Choques entre las diferentes culturas empresariales

b)    Rivalidades por el liderazgo

c)    Competencia interna frente a competitividad en el mercado

d)    Incertidumbre, miedo, ansiedad, envidia

Hipótesis

Imaginemos por un momento que, fruto del impulso de estas fuerzas (la globalización y el avance tecnológico),  la empresa a la que pertenecemos se fusiona con otra ubicada en otro continente. Es lógico pensar que, esta organización con la que nos fusionamos, aún teniendo el mismo objeto social o complementario al de nuestra organización, proviene de una cultura diferente, y no sólo empresarial. Maneja marcos de referencia y visiones diferentes. Incluso, por ejemplo, distintas religiones que podrían generarnos un dilema moral.

Sin embargo, no hace falta irse a las antípodas para observar cómo las fusiones empresariales en un mismo país, región o ciudad se viven con la misma dificultad en relación al choque de culturas, en este caso empresariales.

Lo que en principio se plantea como una unión de fuerzas, de conocimiento, de experiencia y de innovación se convierte en una lucha de poder en el que la “tarea primaria” de las personas que forman parte de las empresas fusionadas es hacer prevalecer “su forma de hacer y de pensar”. Así,  el resultado inicial previsto, se convierte en el resultado opuesto. Es decir, lo que pretendía ser un núcleo más pesado, acaba convirtiéndose  en dos o más grupos con visiones y necesidades diferentes. ¡Cuanta energía malgastada y cuanto sufrimiento personal innecesario…!

En los procesos de fusión entre dos empresas, al igual que en el de una fusión nuclear, se libera y absorbe, simultáneamente, una cantidad enorme de energía

La importancia del sistema

Las organizaciones sirven, unas veces, como contenedores de ansiedad y, otras, como generadores de ansiedad.

Así, puede haber personas, equipos e, incluso, alguna de las empresas fusionadas que sientan una liberación.

Por ejemplo:

“pensar que la fusión asegurará los puestos de trabajo”

Por otra parte, es posible que esos mismos agentes necesiten  nuevos retos.

 

 Por ejemplo:

“pensar que la fusión les permitirá un nuevo escenario de oportunidades, y permitirá estimular la capacidad creativa e innovadora”

El intercambio de energía a la que me refiero está directamente relacionado con el capital emocional pre-existente en las  organizaciones que se fusionan. Por lo tanto, si partimos de la base de que “la energía ni se crea ni se destruye, se transforma”, el resultado de la fusión dependerá, mayoritariamente de la capacidad de la empresa resultante , de transformar su nueva energía de manera que le aporte valor.

Si así fuera, habríamos invertido mucha energía en “poner patas arriba” a la organización para, finalmente, volver a una estructura formada por más de un núcleo. Justo lo contrario de lo que pretendía la fusión. Es decir, que aunque sobre el papel sólo existiera una organización, la realidad nos diría que, “bajo la superficie” operan dos o más  núcleos con intereses y necesidades diferentes las unas de las otras.

El resultado de lograr un núcleo más pesado tras la fusión, estaría muy lejos de alcanzarse

Visto así, puede ser que las respuestas a las interacciones  emocionales entre las personas de una y otra empresa fusionadas sirvan como estímulos que permitan construir.  Pero también cabe la posibilidad , y suele ser más habitual, que dichas  interacciones entre personas, culturas y formas de hacer hagan saltar chispas…incendiarias.

En el  caso en el que la fusión empresarial alcance éste último escenario, podría ocurrir que se invirtiera el proceso deseado. Es decir, que pasáramos de una fusión a una escisión interna o fisión, continuando con los términos científicos.

No obstante lo anterior, el nuevo sistema creado acabaría estabilizándose a tenor de  la “la tendencia de los sistemas a moverse hacia un equilibrio casi estático”, tal y como planteaba Kurt Lewin.

 

El quid de la cuestión, llegados a este punto, es preguntarse ¿qué voy a empezar a hacer distinto mañana para que la fusión llevada a cabo en mi organización  no sea un pérdida de energía personal y profesional?

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