El Coaching y los Infantes

Hace un par de semanas tuve la ocasión de charlar con una amiga y madre de un niño de 8 años. En aquella conversación surgieron asuntos muy interesantes relativos a la educación de los más pequeños.

Me contó lo difícil que le resultaba conectar con su hijo a la hora de abordar las tareas diarias y como, esta desconexión, le hacía perder la paciencia. El resultado se traducía en ansiedad, sentimiento de culpa y frustración por parte de ambos: madre e hijo.

En su relato pude observar como, la madre, hablaba únicamente de lo que su hijo hacia y de lo que ese comportamiento le hacía sentir. Cuando hubo hablado un buen rato sobre lo que ella entendía que era el origen del problema, le pregunte a cerca de cual era la velocidad a la que llegaba a casa después de un duro día de trabajo. Se quedo callada un rato. Pensando. La pregunta había conseguido sacarle de su esquema de pensamiento. Estaba explorando otra perspectiva…

Después del silencio, comenzó a elaborar un razonamiento en voz alta. No era para mi. Se estaba dirigiendo a ella misma. Pronto hizo consciente que la dificultad para conectar con su hijo no residía en este último sino en ella misma.

A continuación, le pregunte que podría hacer en adelante. Esto fue lo que me contesto:

” Cuando llegue a casa, reduciré mi velocidad. Dejare fuera el estrés, los objetivos, las reuniones con mi jefe…Adaptare mi ritmo al de mi hijo. Al fin y al cabo, es un niño que esta aprendiendo y necesita su tiempo. Y más aún, necesita a su madre y no un jefe que le exija resultados constantemente…”

Al terminar, me dio un abrazo, me agradeció la conversación y se fue a casa a estar con su hijo.

Soy Coach Ejecutivo y mis clientes son hombres y mujeres de empresa. Sin embargo, este es un ejemplo de como el Coaching sirve para múltiples áreas de nuestras vidas.

¿Para qué área de tu vida necesitas un Coach?

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